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Celestina “Suárez González”: La muerte en todas partes y solicitada por todos

 

Cuando Celestina aceptó el encargo, no podía ni imaginar que sería el último. Tenía alrededor de 60 años y ya  había realizado este tipo de trabajos y otros más complicados. Ella era conocedora del ser humano, vieja alcahueta, perfumera, maestra de “afeites”, experta en  rehacer virgos” y  hechicera. Experta en enredar a sus clientes hasta donde a ella le interesaba para obtener el mayor de los beneficios. Se dedicaba al mundo de la prostitución, hacer conjuros, magia…Ella misma había sido prostituta y sabía muy bien cómo concertar discretamente citas amorosas a quien se lo pidiera. Mujer diabólicamente inteligente, utilizaba su experiencia para manipular psicológicamente a los demás. Si había una frase que pudiera resumir el sentido de su existencia sin duda alguna era: “En todas partes está y todos la solicitan”…

Pero ¿Quién era realmente Celestina? Ella se describe de la siguiente manera:

”Soy una vieja como dios me hizo, y no peor que las demás. Vivo de mi oficio, como cada cual del suyo, y muy limpiamente .A quien no  me quiere, no lo busco…”

Pero situémonos. Estamos en el siglo XV. En una ciudad de España. Calisto es un joven noble que se enamora perdidamente de una joven aristócrata llamada Melibea. Desesperado, quemado en su pasión erótica, pide ayuda a sus criados que le lanzan de lleno a las garras de Celestina, y así todo lo que mal comienza, mal termina. Cuando el encuentro se confirma y Calisto se cerciora de que, efectivamente Melibea le corresponde, paga con una cadena de oro a Celestina.

Cae la noche, parece que el trabajo ha concluido.

Pero aún no han aparecido los personajes más brutales de esta historia tan humana y por eso,  universal: la avaricia, el egoísmo, la usura, la pasión y la dipsomanía. El resto lo pusieron unas acertadas estocadas  en manos de Sempronio con Pármeno de testigo que les llevarán a la horca de los alguaciles del pueblo. Muerta Celestina, y ajusticiados los criados infieles, la justicia hizo su parte de forma acertada.

Ahora sí que ha concluido el trabajo

Viajemos ahora en el tiempo…Esta vez nos situamos en el siglo XX. Finales de la Transición Española. Estamos en Madrid, en una zona muy próxima al Retiro, la calle Abtao, número 44. En dicho domicilio vivía María Blanca Suárez González, de 69 años. Era vidente, experta en mancias, vendía agua embrujada que “curaba cualquier mal”, bendecía velas, practicaba la usura prestando grandes cantidades de dinero a gran interés. Ejercía también como casamentera y contaba con un grupo de buenos amigos deseosos de emparejarse con “buenas chicas”; así, cuando tenía delante a una de ellas, la enredaba leyendo los posos del café adivinando que “el hombre de su vida “llegaría en breve por destino. El embuste estaba orquestado. Al día siguiente y tras haberse puesto de acuerdo con el hombre atractivo que el destino le tenía guardado a la pobre incauta, le daba a la chica indicaciones exactas de quien era y a qué  hora se produciría el encuentro. La pobre ingenua acudía y como si de un milagro se tratase, se producía el flechazo. La astuta María Blanca se beneficiaba del encuentro cobrando  al afortunado lo acordado por el servicio. María Blanca era una especialista en este tipo de trabajos .Otro de los oficios a los que se dedicaba Blanca era los empeños. Recibía de alguno de sus clientes en depósito alhajas, joyas y otros objetos valiosos a cambio de grandes sumas de dinero. María Blanca era mujer astuta y vanidosa. Ella se describía como: Le gustaba que la gente notara que era muy rica.  Y tenía clientes muy importantes”.

Son las cinco de la tarde  del 23 de agosto de 1988. Una mujer  llama a la puerta de Blanca. Tras una fuerte discusión le asesta con la mano de un almirez de bronce veinticuatro golpes en la cabeza. Posteriormente  le corta las muñecas hasta llegar al hueso con un cuchillo de cocina y la deja “tirada” en la bañera vestida con un camisón y totalmente desangrada. Los gritos de las dos mujeres ponen sobre aviso al portero de la finca que acude a la puerta de Blanca. La asesina sale por la puerta y huye tras encañonarle con una pistola. Solo este portero y un taxista podían dar testimonio de la descripción de la asesina.  Cuando llegó la policía encontró el piso de Blanca desordenado, los cajones y los armarios registrados. La asesina tal vez buscaba joyas. También encontraron un sobre vacío donde ponía “30.000 pesetas”. Tras varios días de investigación fue detenida como presunta asesina de Blanca una mujer llamada Amparo Casado. Ambos testigos la identificaron como la autora material del brutal crimen. Amparo pasó veinte meses de prisión hasta la celebración del juicio donde no quedó clara su culpabilidad y tuvo que ser puesta en libertad. Las ambigüedades de la investigación policial y las diferentes contradicciones de los testigos la llevaron a la absolución, quedando el crimen de Blanca sin resolver. ¿Fue Amparo Casado la verdadera asesina de Blanca? ¿Alguna de sus más de tres mil clientes descontenta con los trabajos que realizaba la vidente? ¿Una mujer dispuesta a recuperar sus joyas? En este caso la justicia  no supo resolver el asesinato de Blanca.

Cada momento histórico tiene sus propios delitos.

Aquí os propongo mis dos primeros casos: uno es ficción, el otro es Historia. Uno presenta lo que sin ser real siempre ha sido y será posible. La historia de Blanca es la verdad de la realidad. Y ambos tienen en común lo humano y su sombra: la crueldad, la ambición y la muerte.

Nos encontramos pronto…aquí, al otro lado de la orilla.

 

 

 

 

” Aquí mataron a cinco “

 

 El crimen de Los Galindos

 

“El crimen del siglo”. Asi es como se conoce a uno de los casos más misteriosos y crueles de la crónica negra de nuestro país.Pasará a la historia también como un crimen perfecto , ya que han pasado más de cuarenta años y aún hoy la justicia no ha podido detener al culpable. Se trata de el crimen de Los Galindos.

 

Viajemos en el tiempo hasta el 22 de Julio de 1975, a una pequeña localidad sevillana llamada Paradas que contaba en este año con un censo de 10.106 habitantes. Paradas es un hermoso pueblo, típicamente andaluz, de calles limpias y galardonado por ser uno de los pueblos mejor cuidados de España. Se encuentra a 53 kilómetros de Sevilla. A tan sólo tres kilómetros de Paradas, se halla el cortijo llamado Los Galindos, al cual se accede por la carretera conocida como  El Palomar. Los Galindos era propiedad de los marqueses de Grañina. En un principio este cortijo pertenecía a un hermano de la marquesa, Francisco Delgado Duran, que lo adquirió en el año 1950, pero tras sufrir un accidente de tráfico cuando tan sólo tenía veinte años, la propiedad pasó a sus padres que la cedieron a su hija María de las Mercedes Delgado Durán. Estaba casada con Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete, marqués de Grañina y descendiente directo del Gran Capitan. El cortijo contaba con 400 hectáreas donde se cultivaban trigo, cebada, girasol y aceitunas. Era un negocio muy rentable y bien cuidado. Se accedía a él por un camino de tierra rojiza. Una vez dentro se podía ver un gran caserío con dos cuerpos, cobertizo al fondo y a ambos lados, las viviendas. La más grande y con mejores prestaciones era la de los marqueses. Al otro lado estaba la vivienda del capataz llamado Manuel Zapata Villanueva de 59 años, que vivía con su mujer, Juana Martín Macías de 53. El cortijo también contaba con un gran patio rectangular, cuadra, garajes, casa de máquinas, báscula para vehículos pesados, empacadora, parque subterráneo de gasoil con elevador automático y taller de reparación para todo tipo de vehículos…Era, sin lugar a dudas, una gran propiedad. Los Galindos también daba trabajo a un buen número de tractoristas y jornaleros fijos.

 

El día del brutal crimen se caracterizó por ser el más caluroso del año. Cincuenta grados se alcanzaron en la localidad de Paradas. Todo sucede una tarde alrededor de las cuatro. La tierra ardía. Un asustado y jadeante Antonio Fenet de 42 años y jornalero del cortijo, aporreaba la puerta de la casa cuartel de la guardia civil de Paradas. Había despertado al cabo Raúl Fernández de su siesta al grito de “¡Los han matado, los han matado! .El cabo y los demás miembros de la guardia civil se personan media hora más tarde en el cortijo y contemplan atónitos como en el cobertizo se arremolinaban los trabajadores que eran testigos junto a  ellos del humo que salía .Allí pasaba algo extraño. Cuando se acercaron al cobertizo pudieron comprobar que en lo alto de una pila de balas de paja había dos cadáveres calcinados. Posteriores investigaciones aclararían que se trataba de los cuerpos de José González Giménez de 27 años y tractorista del cortijo, y su mujer, Asunción Peralta Moreno, de 34 años. A pie, y  llevando por primera vez en su vida  las pistolas en mano, continuaron revisando la hacienda. Se dirigieron hacia el patio del cortijo donde había un reguero de sangre que llegaba hasta la puerta de la casa del capataz. La puerta estaba cerrada por fuera con un candado. El cabo rompió a tiros el candado y dentro de la casa comprobaron que había un segundo rastro de sangre con dos tramos perfectamente diferenciados: uno de ellos parecía un brochazo en el suelo, el otro tramo era un reguero de gotas que terminaba en una habitación donde había tan sólo dos colchones enrollados. En medio de los colchones se encontraba el cuerpo de la esposa del capataz, Juana Martín Macías. Se hallaba tendida de espaldas con el cráneo y la cara destrozados a golpes. Atónitos ante el macabro hallazgo, los guardias civiles pidieron refuerzos. El teniente coronel Cuadri, un capitán, un sargento y nueve guardias civiles más, llegan a Los Galindos acompañados también por el juez de paz Antonio Jiménez . Con horror, el cabo Raúl Fernández avanza hacia su jefe y sólo puede decir, antes de romper a llorar histérico: “A la orden ,mi teniente coronel, hay tres muertos”.

 

A esas alturas de la tarde, Los Galindos parecía una feria. Se había llenado de vecinos del pueblo y trabajadores de la hacienda, formando una gran comitiva junto a los miembros de la guardia civil. Cuando se estaba poniendo el sol, un grupo de vecinos encontraron bajo un montón de paja apilada al lado de un árbol el cadáver de otro de los tractoristas, Ramón Parrilla González de 40 años. Ramón Parrilla tenía el pecho y los antebrazos cubiertos de plomo de cartuchos de posta. Al darle la vuelta encontraron que tenía en la espalda un gran orificio igualmente repleto de plomo y carne calcinada.

 

A partir de ese momento ya hay una primera hipótesis de lo que ha ocurrido en el cortijo: El capataz Manuel Zapata, que estaba desaparecido, era el culpable de aquella matanza. La guardia civil sostuvo que Zapata mantenía una relación sentimental con Asunción Parra, mujer del tractorista José González.  José va en busca de su mujer y la lleva a la hacienda para que confiese su adulterio. Ya en el cortijo Zapata y José discuten y en un ataque de celos Zapata mata a José y a Asunción. La mujer del capataz, que sería testigo indiscreto de todo,se convierte en víctima también de su marido ,que decide matarla para que no pueda delatarle. Zapata comienza así su huida y desaparece. Esta versión tan increíble de los hechos fue aceptada por todos. El juez titular en ese momento se encontraba de vacaciones y a cargo del caso quedó el juez de paz que aceptó esta versión y ordenó búsqueda y captura contra el capataz.

 

El miedo se instaló en Paradas y en el cortijo. El fantasma de Zapata vagaba por cada casa de los vecinos del pueblo. Fueron días de silencios, desconfianzas y horror. Pero sólo fueron días, tres concretamente. Tan sólo tres días después de lo sucedido fue encontrado el cadáver de Manuel Zapata envuelto en un plástico y bajo unos montones de paja a tan sólo cinco metros de la pared exterior de la sala de máquinas del cortijo. El cuerpo presentaba heridas punzantes en la espalda como si le hubiesen pinchado con un tridente de los que se utilizaban para acarrear paja. En realidad la autopsia certificaría que la causa de la muerte del capataz habían sido varios golpes que había recibido en la cabeza . Tenía el cráneo hundido por este motivo. También certificó el forense que en realidad había sido el primero de todos en morir,con una diferencia de horas con respecto a los demás cadáveres. La versión oficial no se sostenía.

 

La guardia civil mantiene una segunda versión. Para ellos lo que ocurrió en realidad es que José González, el tractorista, habría matado en primer lugar al capataz por odios acumulados durante años, dado que le había impedido ser novio de una de sus hijas.  Después habría matado a la mujer de Zapata y al tractorista por ser testigos accidentales e indiscretos. Finalmente habría llevado a su mujer al cortijo y en un ataque de locura la habría asesinado prendiendo fuego a su cadáver. Fuera ya de sí, terminaría con su propia vida tirándose voluntariamente al fuego.

 

Aunque esta versión alternativa puede parecer más inverosímil que la primera, no debemos olvidar que estamos en el año 1975. Es una época en la que en Andalucía dominaba el caciquismo. El régimen seguía siendo el régimen. Los marqueses movieron influencias y aquella versión fue aceptada por todos. El juez de Carmona, Víctor Fuentes con todas las conclusiones de la Guardia Civil y la policía local, cierra el caso remitiendo el sumario a la Audiencia de Sevilla. Posteriormente el juez Antonio Moreno Andrade reabre el caso a instancias de la familia de José González por no estár conforme con la acusación de la autoría de los hechos sobre el tractorista. En 1978 volvía a cerrarse el caso.

 

El sumario del crimen de Los Galindos permaneció “dormido” hasta que en el año 1981 el juez Heriberto Asensio Cantisán reabre el caso tras recibir en su juzgado una extraña carta anónima dirigida al que era por aquella época alcalde de Paradas. En ella un desconocido sicario se responsabiliza de las muertes del cortijo. Lo curioso de esta carta es que estaba remitida desde Zaragoza con fecha de 18 de febrero de 1976.El contenido de esta carta era inconsistente, pero suficiente para que el juez Heriberto Asensio trabajara junto al policía Jose Antonio Vidal con el fin de intentar hallar respuesta a las muertes de todas aquellas personas de la finca.El juez ordenó la exhumación de los cadáveres para realizar una segunda autopsia y contó para ello con los siempre expertos servicios de uno de los mejores forenses del panorama nacional, el catedrático de Medicina Legal de la Universidad de Sevilla ,Luis Frontela. Era el 27 de Enero de 1983. Frontela se llevó su tiempo, pero presentó al juez un exhaustivo informe técnico, considerado para muchos un auténtico tratado de medicina forense. En este informe llega a una serie de conclusiones: Dos personas habían participado en el traslado de Juana Martín, esposa del capataz, hasta la última habitación de la casa, y al menos dos personas habían subido al almiar los cuerpos del tractorista  José González y su mujer Asunción Peralta  que habían aparecido calcinados. Al tractorista le amputaron los brazos y las piernas para que las llamas los consumieran antes y su esposa estaba embarazada de seis meses el día de su muerte.. También demostraba por los distintos ángulos de dispersión de los perdigones de la escopeta que habían causado la muerte del tractorista Parrilla, que el asesino tenía una estatura muy superior al 1,61 cm que era lo que medía José González, el hasta entonces culpable. Por la incisión de los golpes de los cráneos del capataz Zapata y su mujer y del peso de la herramienta que se utilizó, que fue el diente de una empacadora de 1 metro de altura y unos ocho kilos, Frontela llega a la conclusión que el asesino pesaba más que los 54 kilos que pesaba José González. Y la más contundente de las conclusiones y que demostraba que José González no había sido el autor de la masacre, fue que había sido asesinado antes de haber sido tirado a las llamas. Presentaba tres golpes en el cráneo,uno de ellos propinado posiblemente una vez que la vIctima estaba ya en el suelo, pues tenía el cráneo hundido.

 

A pesar de estos nuevos datos se estaba otra vez en el punto de partida. No se sabía quien o quiénes habían sido los autores del brutal crimen. Ahora hay que buscar un móvil que no sea pasional ni de venganzas personales. El sumario y los nuevos datos obtenidos daban lugar a una serie de móviles posibles:

 

         Tráfico de drogas. En el sumario estaba recogido el hecho de que un grupo de legionarios habían acampado en la propiedad del marqués y habían buscado un lugar en el cortijo para plantar marihuana. Como no se ponían de acuerdo con el capataz, los legionarios mataron a todos. Este móvil no se sostenía, pero sirvió como argumento de la novela de Alfonso Grosso,  “Los invitados”(1978).

 

         El culpable había sido Antonio Ramirez Rodriguez, vecino de Paradas y viudo de 60 años que encontraron ahorcado con su propio cinturón en una rama de olivo al día siguiente de la matanza.Sospecharon que tras llevar a cabo los crímenes no lo soportó y acabó con su vida. Tampoco esta versión se sostenía. El hombre se había suicidado unos días antes y su desaparición ya había sido denunciada por su familia.

 

         Se sospechó del propio Marqués de Grañina basándose en que todas las víctimas podían haber sido testigos indiscretos de las muchas reuniones que se producían de militares de alto rango y conocidos ultraderechistas en la finca de los marqueses. Se descartó la relación del marqués con la matanza, entre otras cosas porque en el año 1975 no se podían investigar a las personas que participaban en dichas reuniones.

 

         Descartado todo lo anterior se persigue la utilidad que podría tener el crimen. Aparece un nuevo personaje: Antonio Gutiérrez Martinez, administrador del cortijo. Era teniente de artillería en la reserva y gran amigo del marques desde la guerra civil.Llevaba las cuentas de Los Galindos. La policía apuntó a un móvil económico , a cuentas y libros de cuentas falseados y contabilidades paralelas, pudiéndose ver el administrador envuelto en un fraude descubierto por el capataz. Amenazado con descubrir toda la trama, Antonio Gutiérrez acompañado de otra persona , habría matado al capataz y a los otros testigos. El administrador tenía coartada. Había estado en la finca acompañado por otras personas que avalaron su versión.

 

Ninguno de estos móviles pudo ser demostrado. El 11 de Mayo de 1989 se decidía por parte de la Audiencia Provincial de Sevilla poner puno y final , judicialmente, a este apasionante caso donde se materializó lo que los expertos dicen que no existe: El crímen perfecto. También pasará a la historia como una perfecta chapuza policial: se permitió que curiosos, vecinos, periodistas y hasta las cámaras de tve entraran en el cortijo y contaminaran y adulteraran pruebas, no había forense titular, ni mandos locales de la guardia civil, los juzgados estaban bajo mínimos, se destruyeron pruebas,. Fue un crimen perfecto con una investigación imperfecta.  El 22 de Julio de 1995 prescribía oficialmente el caso.

 

Lo que queda hoy del cortijo es un mudo recuerdo de lo que aconteció tras esas pareces hace más de cuatro décadas. Quizás en  esas paredes ya no quedará ni rastro de unas palabras que intentaron hacer esa justicia con las víctimas que no consiguieron hacer otros: ” Aquí mataron a cinco” .

Nos vemos pronto..aquí..al otro lado de la orilla…

 

 

 

 

Dalia Negra Horror Story

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“American Horror Story” no es una serie para todo el mundo. No todos los espectadores pueden soportar una serie de terror y sobre el mal. Se trata de una serie desconcertante donde la más absoluta de las locuras desquicia a todo aquel que se acerca a ella. El mundo de los vivos y los muertos se pierde en una casa que alberga un pasado muy oscuro.

Creada y producida por Ryan Murphy y Brad Falchuk , American Horror Story cuenta ya con siete temporadas. Cada una de ellas se hace como una miniserie independiente, con un grupo de personajes independientes también, escenarios distintos, con su propio comienzo, desarrollo y final.

Desde “esta orilla” he centrado mi atención en la primera temporada que lleva por título “Murder House”( 2011). Y dentro de esta temporada en el capítulo nueve:“Spooky Little Girl”. Sin adentrarme en detalles y acabar con la expectación del posible futuro seguidor de la serie, en este episodio podemos ver la historia de una joven guapa y arruinada aspirante a actriz, que llega a Los Ángeles y se prostituye a un dentista quien vive y trabaja en esa casa de muerte y oscuridad donde se desarrolla toda la temporada. Este dentista la anestesia y la viola…aunque debido a una sobredosis de dicha anestesia, termina con la vida de la actriz. Preso del pánico la arrastra hasta el sótano y decide descuartizarla. Los restos del desmembramiento son encontrados en un campo por una madre y su hija, revelando ser La Dalia Negra.

Los creadores de la serie se inspiraron en uno de los asesinatos más famosos del siglo XX en Estados Unidos. La sociedad americana se volcó en el crimen de la Dalia Negra como si se tratara de un film de cine negro cargado de grandes dosis de intriga y horror. Pero, ¿Quién se esconde detrás de un apodo tan hermoso?
Elizabeth Short, la Dalia Negra, nació en un pequeño pueblo de Massachusset el 29 de Julio de 1924. Sus padres administraban un modesto negocio de minigolf que, como tantos otros, quebró con el crack de la bolsa del 29. Con un hogar sumido en la ruina, su padre, Cleo Short, abandona a la familia fingiendo su propia muerte. Realmente había huido  a California.

La infancia de Elizabeth estuvo marcada por el abandono de su padre y por sus problemas de salud. Padecía asma y dolencias pulmonares. Aún así, los años fueron pasando y se fue convirtiendo en una hermosa mujer que causaba admiración allá por donde pasaba. Consciente del impacto que causaba su imagen, decide potenciarla, se tiñe el pelo de negro y comienza a utilizar vestidos ajustados. Se plantea seriamente dedicarse a ser modelo o actriz y hacer realidad uno de sus grandes sueños alimentados por las largas noches que pasaba con su madre viendo películas.

En 1943 decide trasladarse a California para reconciliarse con su padre. Éste, lejos de querer recuperar el amor de una hija, deseaba más bien tener una criada a tiempo completo. Tras tres semanas viviendo con su padre, se muda a Santa Bárbara donde consigue un trabajo como camarera en la base militar de Camp Coke. Allí, y con tan sólo 19 años, es arrestada por beber siendo una menor. Tras tomarle las huellas fue mandada de vuelta a Massachusset.

La vida de la joven Elizabeth transcurrió entre su pueblo natal y Florida. Una vida de bailes, clubs y garitos, donde alternaba con todo tipo de hombres. Hasta que en 1944 se enamoró del mayor Matthew M. Gordon Jr. durante una Nochevieja. El mayor Gordon estaba destinado en Filipinas, pero se casarían a su vuelta. Como si de una maldición se tratara, el destino de la feliz pareja se vio truncado cuando el 10 de Agosto de 1945 , durante una misión, el avión en el que viajaba el mayor Gordon sufrió un accidente. Matt murió unos días antes de que terminara el conflicto.
La muerte de su futuro marido dejo sumida a Elizabeth en una profunda depresión. A partir de ese momento sólo vestiría de negro riguroso. Su belleza y su oscura indumentaria hicieron que se ganara el poético apodo de La Dalia Negra.

Buscando consuelo y compañía se muda a California donde se reencuentra con un antiguo ex novio, también militar, el teniente Gordon Fickling. Tras una tortuosa relación cargada de excesos y de celos, Fickling se traslada a Carolina del Norte poniendo fin a esa relación sentimental. Seguiría en contacto con Elizabeth, aunque sólo a través de cartas.

La joven se encontró así abandonada nuevamente, incapaz de conservar un empleo y un lugar donde vivir. Gastando lo poco que ganaba más en ropa elegante y alcohol que en comida. Frecuentaba noche tras noche los bares de Los Ángeles en busca de otro militar con el cual olvidar sus fracasos. Los hombres que iba conociendo le daban dinero, regalos caros, le pagaban cenas, copas…Y ella sólo soñaba con que uno de ellos fuera un hombre rico que la hiciera convertirse en una estrella de cine.

En Enero de 1947 Elizabeth le confiesa a Fickling su intención de mudarse a Chicago y dedicarse a ser modelo. Antes quiere visitar a su hermana en Berkeley (California). Allí se alojaría en el lujoso hotel Biltmore. Es el último lugar donde se la ve salir con vida.
El 15 de enero de ese mismo año, Betty Besinger, vecina de Leimert Park (Califonia), estaba dando un paseo por un solar abandonado en la zona, cuando vio algo parecido a un maniquí tirado en el suelo. Cuando se acercó pudo comprobar el macabro hallazgo. Era el cuerpo de una mujer. La policía se persona en el lugar. Comienza el espectáculo.

El cuerpo sin vida de Elizabeth Short estaba en el suelo, partido en dos mitades por la cintura. La parte de arriba se mostraba con los brazos en posición de alto y la parte de abajo con las piernas abiertas. La zona pélvica se encontraba al aire con sus propios intestinos perfectamente colocados sobre ella. Su estómago estaba repleto de heces. Había sido atada de por las muñecas y los tobillos posiblemente para ser torturada: su cuerpo presentaba laceraciones, golpes y quemaduras. Le habían extirpado el pecho derecho y en todo el cuerpo tenía unos profundos cortes en forma de X, incluida la pelvis. Habían grabado una B en su frente. Faltaban trozos de su cuerpo que habían sido cortados con la precisión de un cirujano justo antes de morir .Sus mejillas habían sido acuchilladas desde la comisura de los labios hasta la oreja, dejando la mandíbula casi sin sujeción. La obra maestra del horror culmina con una violación post mortem. Desangrada. Le habían introducido hierba y un trozo de rodilla en su vagina. La causa de la muerte fue una hemorragia cerebral debida a múltiples fracturas en el cráneo producidas, según el forense, por un objeto romo y contundente.

Ni un solo rastro de sangre. Ni en su cuerpo, ni alrededor. Su cuerpo había sido cuidadosamente lavado antes de ser abandonado en el solar. Y aunque las huellas dactilares de La Dalia Negra aparecían arrugadas debido al agua, esto no impidió que la policía pudiera compararlas con aquellas que le tomaron cuando tan sólo contaba con 19 años y fue detenida en Santa Bárbara.

En aquella época la prensa estaba tan metida en las investigaciones policiales que pronto convirtieron este caso en la máxima prioridad de la policía de Los Ángeles. Todo el mundo quería convertirse de una forma u otra en el personaje principal de esta macabra historia .La policía atendía numerosas llamadas de personajes que decían ser los asesinos de La Dalia Negra. De esta manera, gran parte de los recursos destinados a la investigación de pistas falsa no iban a parar a descubrir al que realmente había realizado tan atroz asesinato. No había sospechosos claros, ni testigos…ni siquiera los informes de los forenses vertían luz al caso.

La vida de Elizabeth estaba marcada por experiencias duras, errores, falta de amigos íntimos, las relaciones tortuosas e incluso lésbicas, amantes casuales…la lista de sospechosos era cada vez más larga. Se sospechó de su padre, de un amante que tuvo la noche antes de viajar a Berkeley, alguna mujer con las que mantenía relaciones, de Fickling…se pensó también que había sido asesinada por un médico debido a las heridas tan precisas que habían aparecido en su cuerpo. En esa larga lista había de todo…
Lo cierto es que han pasado más de 70 años y nada se sabe de los responsables de la muerte de la Dalia Negra.

Elizabeth Short era una chica cualquiera que quería cumplir sus sueños. No importaba cuántas veces fuera abandonada o maltratada. Sólo buscaba que la quisieran, encontrar un amor que le faltaba. El cine era para ella una fábrica de sueños a su medida. El único lugar donde se creaban mundos ficticios, historias que siempre acababan bien. Un mundo donde no había que pensar, sólo dejarse llevar.
El único anclaje de Elizabeth Short con el mundo real era el amor que sentía por su madre, a la que nunca contó la verdad de lo que le ocurría por temor a herirle y que también decidiera abandonarla.

La Dalia Negra se convirtió en un mito gracias a su asesinato. Una muerte que acabó con sus sueños y sus ilusiones. Una muerte que la convirtió en la protagonista de una historia de terror salvaje y despiadada. Una historia que nos recuerda lo frágiles que somos, los factores que no podemos controlar, cómo se nos pueden escurrir de entre los dedos nuestros sueños, ilusiones, objetos preciados, personas que amamos, nuestra propia vida…

 
La vida y muerte de la Dalia Negra es sin duda una verdadera American Horror Story.

 

Nos vemos pronto aquí…al otro lado de la orilla

 

Tormantos y otros paraísos

La Serrana de Tormantos

En un pequeño pueblo de Extremadura llamado Garganta la Olla, allá por el siglo XVI, vivía una familia acomodada conocida por “Los Carvajal”. Por contar con una gran fortuna, el padre de familia se dedicaba al alegre ejercicio de la caza y su esposa e hijas a labores “más mujeriles”. Una de las hijas llamada Isabel disfrutaba mucho más de acompañar a su padre cuando este salía a cazar, motivo por el cual era conocedora de cada rincón y cada piedra que había en los montes desde Tormantos hasta Monfragüe.
Isabel era una mujer de belleza singular, muy femenina. De hermosas facciones y con un cuerpo exuberante. Pero también tenía una gran fortaleza física debido a sus aficiones, que dicho sea de paso, eran poco comunes para una mujer de la época: montaba a caballo, cazaba jabalíes y lobos con ballesta, sabía utilizar como nadie la honda… Era brava y valiente, más que muchos hombres de su entorno. Aunque ella se sentía tremendamente orgullosa de sus virtudes, los hombres de la villa la miraban con una mezcla por igual de miedo y deseo. Esto hacía un poco más complicado el empeño de su padre por encontrar un pretendiente a la altura de semejante mujer. Preocupado éste por no hallar un marido para su hija, le instaba una y otra vez a que dejara los montes y los cambiara por otras actividades más acordes a una dama, pero Isabel contestaba a su padre con gran seguridad: “ Padre, el que será mi marido me querrá por como soy”.
Cierto día llegó a Garganta la Olla un joven caballero de origen noble llamado Lucas. Era el sobrino del Obispo de Plasencia. Animado por su tío y por las maravillas que ofrecía la zona extremeña pasaría ese verano viajando por los pueblos de alrededor de Plasencia y practicando también su afición a la caza. Para darle la bienvenida a la villa, Los Carbajal ofrecieron una comida en su honor y fue en dicha celebración que conoció a Isabel. La muchacha se sintió atraída por Lucas desde el primer momento y éste comenzó a rondarla y adularla con gran elegancia. Lucas era, sin duda, distinto a todos los hombres que vivían en la villa.
Así como al principio su padre le recriminaba sus actividades varoniles, pronto empezó a advertirle de las intenciones del noble recién llegado: “Hija mía, debes tener cuidado con estos nobles caballeros, sólo buscan la diversión con muchachas bellas como tú y van dejando sufrimiento por donde pasan”.

      Pero era demasiado tarde. Isabel estaba completamente enamorada. Jamás nadie la había cortejado con palabras tan dulces, tan bellas. Era su primer amor. Lucas aprovechó la ingenuidad de Isabel y sabiendo que las promesas de amor eterno le daban resultado, hizo como tantas otras veces. Montó a Isabel en su caballo y ese monte fue testigo de la petición de matrimonio: “Isabel, eres la mujer más hermosa que he visto jamás. Te quiero y quiero que seas mi esposa. Tengo que viajar a Plasencia, pero antes de que termine el verano, volveré a buscarte y nos casaremos.” Bajo juramento de amor eterno, Isabel le entregó su corazón y su honra.
Tras este encuentro Lucas tenía que regresar a Plasencia, no sin antes recordarle a Isabel que le esperara. Volvería por ella, se casarían y la historia de amor no acabaría nunca.
Isabel esperó cada día la llegada de Lucas. El verano acabó y su amado no aparecía. Un amor que nunca acabaría se estaba convirtiendo en algo que nunca llegaba. Isabel era cada vez más consciente de lo sabio que había sido su padre al advertirle. Había desoído sus consejos.

Tras muchos días sin noticia alguna de Lucas, apareció por el pueblo un sirviente del Obispo de Plasencia. En una taberna comenzó a relatar lo emocionado que estaba el Obispo al conocer la noticia de que su sobrino, Lucas, quería hacer también carrera eclesiástica. Se ordenaría sacerdote y seguiría los pasos de su tío. A oídos de Isabel llegó la terrible noticia. Lucas la había abandonado condenándola a ella y a su familia a la más cruel de las deshonras, aquella que dura toda la vida. Al enterarse su padre, apenado y desolado, repudió a su hija. Ya nadie querría casarse con ella. Se había convertido en la comidilla del pueblo.
Isabel, humillada, abandonó su hogar y juró venganza. Sabía muy bien donde estaba el sitio en el cual no sería juzgada. Decide echarse al monte, el lugar que mejor conoce. Allí, sola, se refugia en una cueva, vive de lo que caza y la naturaleza le ofrece. Repudia a todo hombre y jura vengarse de todo el que encuentre en su camino. Y así lo hace.

La Sierra de Tormantos se convierte, durante un tiempo, en un escenario de terror. Isabel de Carvajal, por su parte se convierte en la Serrana de la Vera.
Todo viajero, pastor o cazador que tuviera la osadía de adentrarse sólo en las Sierras de la Vera y tenía la desgracia de encontrarse con la avezada Isabel, desaparecía.
La Serrana se movía con gran destreza por los montes. Con sus cabellos recogidos bajo montera, ballesta al hombro, cuchillo en la cintura y ataviada con media falda, observaba escondida a todo hombre que pasaba. Se cruzaba en su camino, y lo seducía con su hermosura y presencia. Como hipnotizados por su belleza, se dejaban arrastrar hasta su cueva. Una vez allí, los alagaba y les ofrecía buena comida y buen vino, y tras satisfacer sus instintos sexuales, los mataba. Una vez muertos, enterraba a los hombres cerca de su cueva. Cuando eran ya esqueletos, recuperaba diferentes partes de sus cuerpos para fabricarse toda clase de enseres.

Isabel se había convertido en una despiadada asesina. Era buscada y perseguida, pero nadie daba con ella.

Un buen día, un joven pastor que estaba perdido en la Sierra se encontró cara a cara con Isabel. Conocía lo que estaba pasando con los hombres que se adentraban en el monte, pero no creía que esa mujer pudiera ser la culpable de todo aquel horror. Seducido por su belleza va a su cueva y una vez dentro comprueba la cantidad de cráneos y huesos humanos que hay. Estaba ante la cruel depredadora. La Serrana comienza su ritual de comida, vino y sexo. El muchacho que intuye su final le ofrece más vino a ella del que toma él esperando a que Isabel caiga extenuada por los excesos para poder escapar. Cuando se queda dormida, el pastor sale corriendo de la cueva y llega a Garganta la Olla donde da la alarma. Una batida de hombres,junto con las autoridades ,suben a la sierra, al lugar donde les indica el pastor. Allí apresan a la Serrana, que es llevada con grilletes ante la justicia de Plasencia. Isabel reconoce todas y cada una de las muertes. Para ella la venganza se había consumado. No tenía miedo a su condena porque no temía a la muerte. Fue sentenciada a morir a garrote vil. Cuando exhaló su último suspiro murió la mujer, la asesina. Y nació el mito.

El mito de la Serrana de la Vera se correspondería con el modelo femenino de divinidad de los montes. Puede asemejarse a Diana o Artemisa. Por habitar en una cueva puede asemejarse a divinidades como Mari en la tradición vasca.Pero el hecho de ser una criminal le acerca más a ser una figura monstruosa: es una mujer recia, gigante, con una fuerza sobrehumana.

Piornal identifica una piedra como lanzada por La Serrana y en Las Hurdes hay una leyenda sobre una huella gigante de la Chancalaera. Pero donde perdura la dimensión mitológica es sin duda en Garganta la Olla. En esta localidad aún puede verse la casa de la familia Carvajal, donde vivió La Serrana hasta el momento de su deshonra. También, y en conmemoración a las víctimas que murieron en sus manos se erigió una cruz en lo alto de la torre de Garganta la Olla. Y saliendo por la carretera de Yuste se encuentra la estatua de la Serrana de la Vera.

Como leyenda no cabe duda que es una historia fascinante.
Si esta historia fue real, cabe traer a este relato las palabras que recojo de un amigo para reflexionar sobre ellas: “¿Qué se rompe en el alma de un hombre para llegar a matar?”¹.
En este caso el alma de Isabel de Carbajal se rompe en mil pedazos. Se rompen las esperanzas, las ilusiones, la entrega, la admiración…un proyecto de vida. Se rompe el orgullo de ser mujer, de esperar al hombre que la merece, que la hace suya. Al que entrega todo su corazón. Se rompe una familia, la que quería formar con su gran amor y la que ya tiene. Se rompe su valentía, que se convierte en tristeza. Y esa infinita tristeza hace que muera el ser humano que nunca haría daño a nadie y surja un monstruo de corazón frío con ansias de venganza, sangre y muerte.
Hay traiciones que descomponen el alma en tantos pedazos que se hace imposible recomponer.
No me suelo poner en el lugar del monstruo en el que llega a convertirse un ser humano cuando algo se rompe en su alma y decide matar, pero vi a la Serrana de la Vera poderosa, mirando el monte que había conseguido fusionarse con ella, había conseguido su protección y su refugio. Seguía viendo una cazadora que quería cazar al lobo, al depredador, al hombre.
La parte humana, después de una traición, o se fortalece o se pierde.
Me quedo con su parte humana. Con Isabel, la mujer,…siempre valiente, grandiosa y libre. Siempre Serrana. En lo alto de la Vera… En la Sierra de Tormantos, o se me ocurre para ella, la Sierra de Tormentas o de Tormentos !Qué sabemos del sufrimiento del alma de esta mujer!
Lo demás…la leyenda… y más allá, el mito y el universal.
Nos encontramos  pronto aquí…al otro lado de la orilla.

¹ Francisco José Fernández Cruz -Sequera. Director del programa “Noche de Autos” y ya un amigo

 

Aqui os muestro el romance de La Serrana de la Vera:

 

Retablo de las maravillas: Pascual o el nuevo Prometeo.

 

“Todas las vidas merecen ser contadas, incluidas aquellas que no son un modelo para imitar, sino para huir de él “.

Pascual nace en un pequeño pueblo de Badajoz dedicado a la agricultura allá por principios del siglo XX. Su vida está marcada por una infancia mísera y desgraciada. Sus progenitores son la primera herencia que le ha marcado.
Su padre, de origen portugués, era un hombre alto, gordo, alcohólico, duro y desesperado. Pascual le temía, pues le pegaba grandes palizas casi por cualquier motivo. Se dedicaba al contrabando y fue encarcelado durante bastante tiempo.
Su madre era una mujer alta y delgada y no gozaba de muy buena salud. Era alcohólica, violenta, malhablada, poco aseada e inculta. Vestía siempre de negro y recogía su enmarañado y escaso cabello en un moño encima de la cabeza. También ella maltrataba a Pascual. La convivencia entre ellos era imposible. Los malos tratos eran la moneda de cambio de la familia y la agresividad y la violencia fueron las primeras lecciones que aprendió Pascual.
Siendo aún pequeño, nace su hermana Rosario. Era a la persona que más quería, en la que más se apoyaba y a la que más defendía al mismo tiempo. Marcada también por la violencia, la pobreza y una infancia difícil, pronto abandona la casa, conoce a Paco López al que apodan El Estirao y ejerce la prostitución. Era una mujer lista, algo para nada bueno. La relación de Rosario con su chulo era destructiva. El Estirao vive de las mujeres y se cree superior a los demás. Por este y otros motivos, Pascual le odia profundamente.

Cuando tenía ya la edad de quince años nace otro hermano fruto de una relación extramatrimonial de la madre con un vecino del pueblo. Este nacimiento coincide con la muerte de su padre tras una dura enfermedad. Su hermano Mario tenía una incapacidad física y mental. Su nacimiento fue considerado un accidente así como su corta vida. Cuando aún no tenía diez años, muere ahogado en una tinaja de aceite. Su madre no va a llorar su muerte, no muestra dolor ni pena por la muerte del hijo y a Pascual se le va acumulando el odio hacia su madre. El mismo día del entierro y en el cementerio coincidirá con la que será su primera mujer: Lola
Lola es una de las mujeres más importantes de su vida: guapa, de media altura, enamorada y con buen corazón. El primer encuentro sexual con Lola se produce precisamente en el cementerio tras el entierro de Mario. Este encuentro es otra muestra de violencia en la vida de Pascual, aunque esta vez termina en boda ya que Lola se queda embarazada. Cuando se casan, Pascual tenía ya unos treinta años y su mujer veintidós. Lola es la persona con la que Pascual conoce la felicidad y con ella va a vivir la etapa más tranquila de su vida. Pero durará poco…
Tras la boda y en el viaje de novios, tienen un accidente con la yegua que no hubiese tenido mayor importancia si no fuera por las consecuencias que acarrea. Y es que aquí empiezan una sucesión de episodios violentos que terminarán de marcar su vida. El mismo día que regresa a su pueblo y se reencuentra con sus amistades, van a celebrar su vuelta a una taberna. Las risas, el alcohol y un exceso de celo en Pascual llevan a que esa noche se convierta en una tragedia. Un comentario de un mozo llamado Zacarías es suficiente para que se produzca una disputa a la que Pascual responde con una puñalada que deja malherido al mozo. Tras este episodio regresa a casa. Allí tampoco le espera nada bueno. Rosario ha sufrido un aborto como consecuencia de la caída de la yegua. Pascual responde a este dolor de una manera cruel y despiadada. Sin pensarlo dos veces entra en la cuadra y mata al pobre animal a navajazos, uno tras otro: más de veinte puñaladas, con toda su rabia…
Pascual estaba hundido, tardó más de un año en recuperarse. Se había vuelto un hombre huraño, hosco y aprensivo. Su hogar era un campo de batalla. Con la noticia de que Lola estaba embarazada de nuevo también creció el miedo, un miedo que le tenía destrozado. El tiempo pasaba lentamente, pero el embarazo llegó a buen término y nació el pequeño Pascual. Era un niño sano, hermoso…se criaba bien. Como si Pascual presintiera ya las desgracias, es nuevamente protagonista de otro episodio de muerte y violencia: En una de sus salidas al campo, paró para descansar. Iba con su perra, Chispa, fiel compañera de caza. Sólo necesitó la mirada fija del animal en la que él creyó ver una sentencia de culpabilidad para que esa sentencia se convirtiera en pena de muerte. Cogió la escopeta y disparó, más de una vez, hasta ver la sangre oscura del pobre animal regar la tierra. A esta muerte le sigue otra. Su hijo Pascualillo muere con tan sólo once meses.
Las mujeres, Lola, Rosario y la madre no dejan de recordar la muerte del niño y Pascual decide abandonar la casa y marcharse .irse lejos. No va a volver hasta pasados dos años en los que deambula por distintos lugares de España, pero va a encontrar en esa vuelta que las cosas han cambiado mucho en su casa. Lola está embarazada y Pascual, tras mucho insistir, acaba sabiendo que el padre de la criatura no es otro que El Estirao, el que fue chulo de su hermana. Va a buscarle, pero El Estirao ha huido. Se encontrarán más adelante y Pascual acabará con su vida hundiendo su pecho hasta ver como arrojaba sangre por la boca. Era su venganza por el honor ultrajado en la persona de su hermana Rosario y en el de su propia mujer. Tras este asesinato será condenado a tres años de prisión que cumplirá en Chinchilla.
Al salir de prisión decide volver a su casa. Allí sólo encuentra a su madre. Lola ha muerto y Rosario ha marchado del pueblo huyendo nuevamente de la pobreza. Nadie le esperaba, tan sólo los odios de otros tiempos.
A pesar de todo lo ocurrido parece que la vida le empieza a sonreír de nuevo, cuando Rosario regresa a visitarle y le anuncia que una buena mujer del pueblo que había estado enamorada de él siempre, quería casarse. Esperanza sería su segunda mujer y la espectadora del matricidio. La vida en su casa era un infierno con su madre cerca. La sangre para Pascual era el “abono de su vida”. Tras mucho imaginar y planear este asesinato, entró una noche en la habitación de su madre y, tras luchar con todas sus fuerzas, la mató a puñaladas. El odio era tan grande que no sintió remordimientos, muy al contrario, se sintió aliviado. Podía respirar…Había terminado con otro de sus monstruos…
No fue la última muerte de Pascual. Aún le quedaba terminar con la vida del Conde de Torremejía. Crimen por el cual sería condenado a muerte. Pascual fue condenado a morir en garrote vil. Tenía cincuenta y cinco años. Las últimas palabras que salieron de sus labios fueron: “Hágase la voluntad del Señor”.
Pascual es el Pascual Duarte de la novela de Camilo José Cela que tiene como título: “La familia de Pascual Duarte”, publicada por primera vez en octubre de 1942.Está considerada una de las novelas más importantes en español del siglo XX. Con esta novela Camilo José Cela crea un nuevo género literario llamado “Tremendismo” que consiste en exagerar los aspectos más crueles de la realidad. También, al igual que en el pasado hiciera Mary Shelley aceptando el reto, Camilo José Cela crea un nuevo monstruo, basándose en la realidad, en lo cotidiano, en lo que se ve a diario, que se contagia, por contacto, de todo este mal.
Con tremendismo o sin él, lo que queda claro es que Pascual Duarte es un asesino en serie. Asesina a tres o más personas en un lapso de uno a treinta días. Está motivado por una multitud de impulsos psicológicos. En medio de sus delitos, parece una persona normal y a menudo existe una compulsión sexual. Tiene sentimientos de inadaptabilidad e inutilidad motivados por humillaciones y abusos en la infancia, pobreza, violencia…Sus crímenes compensan todo esto y le otorgan una sensación de potencia y venganza durante y después de cometer los delitos. Muestra también crueldad hacia los animales y es incapaz de controlar sus impulsos.
Así como Cela crea a este personaje, la vida y la realidad tienen sus propios monstruos. El siguiente “Retablo” que les presento es solo una muestra de dónde un escritor como Cela, o cualquier otro, puede fundamentar la creación verosímil de su personaje, y traspasar a gusto las fronteras de lo real y de lo que no lo es tanto.
Y es que salimos de la vida de la Familia de Pascual Duarte, que no deja de ser ficción, para conocer a otros asesinos, que van configurando este Retablo:
Francisco García Escalero, al que se llegó a conocer como “El Matamendigos”,comparte muchos rasgos con Pascual Duarte.
Nace en Madrid en 1954 también en el seno de una familia muy pobre y en un barrio de chabolas cercano al cementerio de La Almudena. Su niñez fue trágica, dura y violenta. Era un niño reservado, solitario y con unas costumbres extrañas, una salud precaria y prácticamente analfabeto. Recibía palizas de su padre casi por cualquier motivo. Con tan sólo dieciséis años empieza a cometer sus primeros delitos y tras salir de prisión por primera vez, se vuelve alcohólico y drogadicto. Esto le lleva a convertirse en un hombre mucho más violento y agresivo. Con la aparición de alucinaciones auditivas llega también su primer asesinato. Viola, apuñala por la espalda, machaca los cráneos de sus víctimas y termina quemando e incluso cortando las huellas dactilares para no dejar cabos sueltos
Se gana el apodo de “El Matamendigos” porque termina con la vida de varios de ellos en un corto período de tiempo.
Llegó a confesar a la policía uno tras otro, catorce asesinatos, con todo lujo de detalles y haciendo hincapié en la satisfacción que le producía haberlos perpetrado. Muere el 19 de agosto de 2014 en el psiquiátrico penitenciario de Fontcalent (Alicante).

José Antonio Rodríguez Vega, al que llamaban “El Mataviejas”, nace en Santander en 1957.Desde bien joven comenzó a adquirir una mente perturbada y bizarra, ya que aparte de odiar a su madre, se sentía atraído hacia ella. Sin embargo siempre temía a su madre ya que esta se mostraba tremendamente agresiva con él. También la violencia aparece en su niñez, como en los casos anteriores, arrasándolo todo. Su padre era un hombre enfermizo que sólo daba problemas. José Antonio también odiaba a su padre y llegó a agredirle en varias ocasiones, motivo por el cual su madre le echó de casa, harta ya de su violento retoño.
A finales de los 70 comenzó su carrera criminal, abusaba y violaba a mujeres llevándole estos delitos a salir y entrar en prisión en varias ocasiones. Tras su última estancia, dio un paso hacia adelante y comenzó a introducirse en las casas de ancianas de las que abusaba antes de acabar con sus vidas. Su aspecto amable y de buena persona facilitaba su peculiar cacería. Tras un período de inactividad, comenzaba una carrera contrarreloj donde se vuelve más violento, sanguinario y cruel. Sabía que tras estos asesinatos iba a ser capturado. Llegó a matar a más de 10 mujeres.
El 15 de mayo de 1988 fue detenido y condenado a más de 400 años de prisión por 16 delitos de asesinato. En prisión fue apuñalado varias veces por la espalda. Su carrera había terminado. El 25 de Octubre de 2002 fue sepultado en una fosa común. Nadie lo reclamó.

Si José Antonio Rodríguez Vega pudiera mirarse en un espejo y éste le devolviera una imagen femenina, ésta sin duda sería la de Remedios Sánchez Sánchez, “La Reme”, o también conocida como “La Mataviejas”.
Nace en un pueblo cerca de la Coruña en el año 1957.Era la única niña de once hermanos. Era la niña mimada de la casa, demasiado. Pero vivía en un ambiente de pobreza que le llevó con tan sólo 16 años a dejar su casa para buscar un futuro mejor y más digno. Quería vivir muy bien y dejar atrás tanta miseria.
Viajó a Barcelona donde conoció al hombre de su vida y con el que tuvo dos hijos gemelos. Pero su vida no era lo que había soñado y decidió separarse del que era su marido porque este era adicto al juego y en su casa no tenían ya ni para comer. No quería vivir de la manera que le había llevado tan joven a salir de su casa. Eso no podía pasar. La sola idea le aterraba. Tras esta separación tuvo otra relación, aunque esta vez fue su novio quien la abandonó a ella precisamente porque ahora era Remedios quien se jugaba todo el dinero que caía en sus manos al bingo. Lo perdía todo. En la más absoluta de las ruinas, Remedios comenzó a pensar en conseguir el dinero de cualquier manera. Así empezaron a fraguarse los tres asesinatos que cometería más adelante.
Buscó un empleo, pero lo que ganaba como cocinera no le saciaba y pensó que no tenía más que dos alternativas, o ejercía la prostitución o se dedicaba a robar. Optó por la segunda. Lo que al principio eran pequeños hurtos terminó convirtiéndose en un plan perfectamente maquinado. Su objetivo era robar a personas débiles, ancianas. Se ganaba su confianza y robaba joyas, dinero o todo aquello digno se ser sustraído.
Remedios era una mujer tosca y poco sociable, celosa de su intimidad y desconfiada con todo. Esto no le impedía elegir bien a sus víctimas, que eran ancianas con las se mostraba amable e incluso desvalida. Estas mujeres vivían solas y estaban desprotegidas. Una vez que conseguía entrar en sus casas, se transformaba en un monstruo cruel y despiadado que, tras desvalijar sus casas, golpeaba a las ancianas en la cabeza con todas sus fuerzas hasta que caían al suelo y, una vez allí, las estrangulaba hasta la muerte. Conseguía así que no quedaran testigos y a la vez una gratificación de tipo emocional. Encontraba placer en esas muertes. Utilizaba sus propias manos. Estaba sembrando el terror.
Entre un asesinato y otro no pasaban más que unos días. Esto hizo que dejara un reguero de cadáveres y sangre allá por donde pasaba. Satisfacía su adicción al juego, su ansiedad por salir de una vida de miserias y el placer emocional. “La Reme” es una auténtica asesina en serie.
Los investigadores lo tuvieron claro cuando registraron su casa. Encontraron todo tipo de evidencias de los crímenes cometidos.
Tras la celebración del juicio, fue condenada a 144 años, 5 meses y 9 días de cárcel . Aún vive, en prisión…

Podría seguir, dibujando y contando más historias de este particular “retablo” de la monstruosidad, pero eso será material de otras entradas. Solo me inquietan una serie de cuestiones, sobre todo aquellas que tienen que ver con la mente del escritor: ¿Se informaría Cela de algunos casos de la época? ¿Puede salir un asesino como Pascual, con tantos reflejos reales, exclusivamente de la ficción y mente de un escritor? ¿Conocía Cela que su personaje se iba a convertir en un “universal” de la literatura española y que iba a tener tantas réplicas en la sociedad?
Muchas preguntas que solo los expertos pueden responder…
Yo sigo buscando, en otros ríos y en otras orillas, historias que llenen mi barco de vidas, para hacerlas navegar en la eternidad y que nunca caigan en el olvido.

Nos encontramos pronto aquí…al otro lado de la orilla.

 

LAS DOS BODAS DE LORCA: VIDA Y MUERTES DE UN POETA ESPAÑOL

 

Federico García Lorca acababa de colgar el teléfono. Le había contado a su amiga Margarita Xirgu el argumento de su próxima obra de teatro: se trataba de una noticia que había leído en la sección de sucesos del periódico “El Defensor de Granada”: El crimen de Níjar.

 

El suceso ocurrió el 22 de Julio de 1928 en el campo de Níjar (Almería). Según las costumbres de la época, en la madrugada de ese fatídico 22 de Julio se celebraría la anunciada boda de Francisca Cañadas Morales de 27 años, con Casimiro Pérez Pinos de 30.

 

Mientras las familias se esmeraban en ultimar los preparativos en el cortijo El Fraile, el tercer protagonista de esta historia de amor- Paco Montes, que sería la víctima de la tragedia-  acudía al cortijo para sumarse a la celebración mientras su cabeza no parada de darle vueltas a la idea de que esa noche perdería por completo a su prima Francisca, de quien estaba plenamente enamorado. Por su parte la propia Francisca había estado toda la vida enamorada de Paco aun estando este casado y con un hijo. Aprovechando las idas y venidas de los familiares, los amantes acordaron fugarse juntos esa misma noche, y en un descuido, salen del cortijo por una puerta trasera.

 

Huyen por el camino de Níjar con la intención de llegar hasta Almería. En medio de la noche, los amantes divisan dos bultos que se acercan por el camino. Paco Montes es atacado por la espalda y cae al suelo. La otra persona arrastra a Francisca por el vestido haciéndola caer también. Ya en el suelo, Paco lucha contra su agresor y Francisca es agarrada por el cuello por el otro sujeto. Suenan tres disparos y en el suelo, junto al camino, queda muerto Paco Montes mientras Francisca permanece desmayada. Los asesinos se dirigen al cortijo. Allí todo es confusión porque echan de menos a Francisca. Unas horas más tarde, un hermano de Paco, que regresaba a casa, encuentra el cadáver a un lado del camino.

 

A partir de aquí todo se acelera vertiginosamente. La Guardia civil se persona en el cortijo El Fraile y empieza a preguntar a todos los habitantes. Tras los primeros interrogatorios deciden detener a Francisca, al padre de ésta y al propio Casimiro Pérez. Se inicia la investigación ante el juez, y tras las declaraciones contradictorias de los implicados, se lleva a cabo un careo entre Francisca Cañadas y su propia hermana, Carmen Cañadas, que resulta clave para la solución del crimen. Horas más tarde el juez decide someter a careo con Francisca y a su cuñado- José Pérez Pino- que incapaz de soportar la presión, se derrumba y confiesa el crimen:

 

El arma utilizada se la había entregado a un amigo suyo para que la guardara. La persona que le acompañaba esa fatídica noche y que agredió a Francisca, fue su esposa Carmen Cañadas. Resuelto el crimen, José Pérez Pino fue condenado a siete años de prisión y Carmen Cañadas pasó unos meses en la cárcel por intentar estrangular a su hermana.

 

Francisca Cañadas se encerró a purgar su culpa en una casa situada en El Huálix, terrenos que heredó de su padre, donde murió con 81 años.

 

Estos fueron los hechos que inspiraron al poeta granadino a escribir una de las obras más importantes de la literatura española: Bodas de Sangre. Pero Lorca hizo una serie de cambios no sabemos si con el fin de dotar a su obra de mayor tragedia o de darle a la propia Francisca y a sí mismo un lugar que, por ser ellos como fueron, la vida no había conseguido otorgarles. Lo que sí encontraremos en Bodas de Sangre es la conjunción de sentimiento y pasiones muy humanas: amor, traición, instinto, honor y muerte. Todo ello también presente en la vida del propio Federico.

 

Bodas de Sangre es una obra poética y teatral que se centra en la vida de dos familias marcadas por la tragedia. De un lado están el Novio y la Madre, que ha perdido a su marido y a uno de sus hijos por culpa de la otra familia, los Félix. Esta otra familia tampoco goza de mucha felicidad porque Leonardo aún está enamorado de la Novia, una joven con la que estuvo saliendo durante tres años y que, estando casado y con un hijo, no había podido olvidar. La obra gira en torno al futuro matrimonio entre el Novio y la Novia y al drama que impedirá que este matrimonio llegue a una estabilidad. Y es que la Novia aún sigue enamorada de Leonardo al que vuelve a ver, después de mucho tiempo, el día de su boda.

 

Finalmente, el Novio y la Novia se casan, pero al poco rato la Novia y Leonardo se escapan para hacer realidad su sueño de estar juntos. El novio los persigue por el bosque y tras una dura lucha entre Leonardo y el Novio, los dos terminan muriendo apuñalados.

 

La Novia que siente que ya no tiene motivos para vivir, visita a la Madre y se pone en sus manos para que acabe con su vida. No quiere perdón pero sí que haga justicia. La Madre que no es capaz ni de tocarla, ya no tiene fuerzas nada más que para llorar al único hijo que le quedaba y que se ha ido.

 

Federico hace un retrato de Francisca muy alejado de la realidad. Mientras la Novia es una mujer hermosa y llena de virtudes, Francisca era conocida en Níjar como Paquita la Coja: Era fea, demasiado alta y delgada y arrastraba una invalidez que le había provocado su padre tras propinarle una paliza cuando tan sólo contaba con la edad de tres años.

 

 Como no “valía” para trabajar en el campo, pasó su juventud aprendiendo a coser, haciendo labores del hogar. Todo alejado de la vida que llevaban el resto de las mozas del pueblo. La tachaban de mujer “adelantada a su época” porque sabía leer y cuando le apetecía, subía a su caballo y se iba por los pueblos a los bailes y la fiesta sola. Siempre sola. Sola vivía un amor imposible con su primo hermano que terminó en tragedia y sola pasó el resto de su vida en las tierras que heredaría de su padre y que fueron el verdadero motivo de la muerte de su amado. Porque aunque Federico casó al Novio y a la Novia y tiñó el crimen de venganza pasional, la realidad es que el matrimonio se llevaba a cabo con el simple fin de que dos hermanos y dos hermanas juntaran tierras y fortuna.

 

Francisca pagó un alto precio por su libertad, su amor y su pasión. Tras la muerte de su amado se enterró en vida.

 

Federico también pagó en vida el precio de ser diferente, especial, hipersensible…Todos sabemos cómo terminó su vida, no ahondaremos más en ese tema. Pero sí me gustaría reflexionar sobre el enigmático título de su obra: ¿Bodas? ¿En plural? Tanto en la realidad como en la obra sólo se celebra una boda, pero en la vida real, en la vida de todos, hay dos bodas: Una con lo superficial, con lo carnal, con el cuerpo; otra con La Muerte, la gran señora, la que exige la verdad la que pide la sangre.

 

Y de nuevo “las dos orillas”, la de lo real, la historia de Paca, la obra de teatro, la vida de Lorca…

 

Y la de la verdad: la Muerte.

 

Y en ambos casos, el matrimonio se consuma.

 

Nos encontramos pronto aquí…al otro lado de la orilla.